paradigmasPARADIGMAS EN EL MUNDO DEL VINO
Capítulo III

“El vino es la música y la copa, el  instrumento”
*Pilar Meré


En el capítulo I y II de “Paradigmas  en el mundo del vino”  me referí a temas que en su momento han sido controversiales, como las latitudes del vino y los beneficios o perjuicios en el uso del corcho. Recordemos que un paradigma  es  “Un conjunto de reglas y disposiciones (escritas o no) que hace dos cosas: establecer o definir límites, e indicar cómo comportarse dentro de tales límites para tener éxito, al cual se mide por la habilidad para resolver problemas”(1).
Un nuevo paradigma aparece cuando se acumula un exceso de cuestiones que se salen del marco ordinario y el paradigma actual no puede explicar. Todo nuevo paradigma implica un principio que siempre existió pero que hasta entonces nadie había reconocido, es incluyente.
Después de algún tiempo este nuevo paradigma comienza a tener grietas y surge uno nuevo. A este proceso repetitivo se le llama evolución.

Beber una copa de vino, trasciende el ingerir un líquido que satisface nuestra necesidad de mitigar la sed. El vino, es una  bebida milenaria y contemporánea que surge con la creación del hombre, ha estado y está siempre presente  en la vida social, económica, espiritual e incluso, religiosa. El vino es cultura y atrás de cada botella se encuentra una historia de cuidados, inversión de tiempo, dinero, conocimiento, experiencia, tecnología. El vino, es resultado del trabajo culminado del agricultor y todo un equipo de gente de campo que reciben en frutos el premio de su esfuerzo y del enólogo, que en su laboratorio crea y reinventa, año con año,  un sueño y una pasión, para finalmente, compartirlo.
Cada sorbo de vino significa vivir una experiencia que tiene que ver con una serie de factores: el ambiente, el clima, el lugar, la comida y sobre todo la compañía.  Y en este arte hedonista de beber vino, se ha desarrollado una industria alterna destinada a incrementar el disfrute de tan exquisita bebida, lo que conocemos como la parafernalia del vino.

Sacacorchos, decantadores, tapones, cavas, termómetros, identificadores, cortagotas, entre variados “objetos de placer” en los que destacan las copas.

En alguna ocasión, dentro de las muchas frases que se han expresado en torno al vino, un buen amigo decía: “El vino es la música y la copa, el instrumento”.

El mundo del vino no ha escapado a los factores de moda y experimentación. Así, el uso de las copas, sus formas, colores, tamaños y materiales, han ido variando con el tiempo. Hoy sabemos que la copa ideal para catar y para degustar el vino es la copa de cristal, lisa, transparente, de poco grosor y sin color.
Sabemos también que el sentido del gusto tiene la capacidad de conocer cuatro sabores: dulce, amargo, ácido y salado que se encuentran ubicados en diferentes zonas de la lengua. (Por cierto, aquí también existe un nuevo paradigma que establece que esto no es real y que el conocimiento se da en toda la lengua).

 

Atendiendo a este factor, se han diseñado copas para cada tipo de vino tomando en cuenta la o las cepas que lo componen.  Así, existe la copa para Cabernet Sauvignon, Tempranillo, Sauvignon Blanc, Chardonnay, etc., cuyo secreto no se encuentra únicamente en la mercadotecnia, sino en un bien estudiado y estructurado concepto de ingeniería.  De tal manera que, si por el tipo de cepa, en el vino destaca la acidez, el diseño de la copa evitará que el líquido se deposite, de primer momento, en la zona en la cual se perciben en lengua, los sabores ácidos.
Por otra parte, el tamaño la boca de la copa y el globo mismo en cuanto a mayor o menor dimensión procurarán conservar o destacar los aromas y sabores de acuerdo a la potencialidad o sutileza de las características de las uvas que integran el monovarietal o el coupage.

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